VIP Art Fair: la feria como base de datos

[Post publicado en el blog Arte, Cultura e Innovación]

 

Entre el 3 y el 8 de febrero se ha celebrado la segunda edición de VIP Art Fair, una feria de arte contemporáneo que tiene lugar exclusivamente en la Red. Fundada por James and Jane Cohan, propietarios de la James Cohan Gallery en Nueva York, junto con los empresarios informáticos Jonas y Alessandra Almgren, la feria contó en su primera edición con más de 200 obras y la asistencia de unos 40.000 visitantes de 196 países que permanecieron en la feria alrededor de una hora (un período de tiempo extraordinariamente largo para un sitio web). Este año, la feria se consolida con la participación de 115 galerías que acogen en sus espacios la obra de más de 2.000 artistas. Al igual que ocurre con otras ferias internacionales, VIP Art Fair cuenta con galerías de prestigio y nombres destacados del panorama internacional, un espacio dividido en stands en tres grandes categorías (Premier large, medium, small) y tres secciones adicionales, una dedicada a galerías emergentes (Emerging), otra a exposiciones individuales (Focus) y por último una dedicada a ediciones (Editions & Multiples). La visita a la feria se puede realizar libremente, escogiendo los stands que uno quiere visitar, o bien siguiendo las visitas guiadas a cargo de artistas y comisarios que ofrece el sitio web. Por otra parte, una serie de vídeos con entrevistas a artistas, expertos y coleccionistas han sustituido el habitual programa de conferencias de las ferias que tienen lugar en un espacio físico.

Con estos elementos, VIP Art Fair se establece como una feria de arte tradicional, fiel reproducción de lo que ofrecen este tipo de eventos, pero enteramente alojada en un sitio web y por tanto sin ocupar ningún espacio físico. El hecho aparentemente innovador que supone organizar una feria de arte exclusivamente en la Red no comporta, no obstante, un cambio en la concepción del evento. En este sentido VIP no es una feria 2.0, sino la traducción de un modelo establecido, e incluso caduco para algunos, a un entorno que aporta sus propias ventajas y limitaciones. VIP Art Fair no surge como una feria rompedora o alternativa, sino que cuenta con el apoyo de grandes galerías como Gagosian, White Cube, Hauser and Wirth, David Zwirner y otras, y la presencia de obras de reconocidos artistas como Damien Hirst, Ai Wei Wei, Doris Salcedo, Sophie Calle o Marina Abramovic entre muchos otros, con precios que se mueven fácilmente entre las tres y las seis cifras. Pretende por tanto situarse en la misma órbita de otras grandes ferias, lo cual es necesario para evitar que el hecho de limitar su presencia a un sitio web lo lleve a ser interpretado como un evento de menor importancia.

 

Espacio bidimensional

Pese a su gusto por la innovación en las formas de crear arte y los conceptos rompedores, el mundo del arte es particularmente rígido en lo referente a sus estructuras, sobre todo en aquellas que afectan al mercado, y por ello toda iniciativa que aspire a integrarse en este ámbito debe ceñirse a unos parámetros establecidos. VIP Art Fair sigue esta directriz al evocar visualmente la experiencia que se obtiene en una feria real, observando obras colgadas en muros blancos sobre un suelo gris (sin la temible moqueta) en un recinto segmentado por la distribución de los stands de diferentes tamaños.

Con todo, evidentemente, esta feria no puede reproducir el espacio que ocupa como si se tratase de un entorno real. La pantalla del ordenador, pese a todos los efectos gráficos que pueda mostrar, es un espacio bidimensional, formado por los planos de ventanas, carpetas y visores de imágenes y vídeo. Como usuarios, nos hemos acostumbrado a esta limitación y de hecho manejamos mejor la información que nos ofrece la pantalla concibiéndola como una página que podemos navegar de arriba a abajo y de izquierda a derecha. Experiencias previas con entornos simulados en 3D, particularmente en el caso de las exposiciones de arte, muestran que una navegación tridimensional resulta confusa y tediosa, además de innecesaria, puesto que si el objetivo es observar una obra, ¿para qué recorrer un espacio inexistente hasta llegar a ella? Un buen ejemplo de esto es Google Art Project, que he comentado en un post anterior.

VIP Art Fair opta por convertir los cubículos de las galerías en largos muros con ocasionales divisiones que se desplazan ante el visitante con un clic, de forma similar a como se pueden observar las obras conservadas en los almacenes de algunas galerías y museos. La feria se convierte así en un entorno marcadamente bidimensional (al contrario de lo que sugiere su logotipo), que en principio favorece las obras sobre lienzo y papel así como el vídeo y la fotografía: precisamente, la organización tiene previstos tres eventos más este año, uno de ellos dedicado a obras sobre papel (VIP Paper) y otro a fotografía (VIP Photo). Las obras tridimensionales, lógicamente, pierden algo de su atractivo al verse reducidas a fotos desde distintos ángulos, si bien al disponer todas las piezas de un visor que permite ampliar la imagen para examinar los detalles, es posible formarse una idea bastante aproximada de la obra, más aún si esta se compone de objetos cotidianos, cuyas dimensiones, forma y textura nos son familiares.

En suma, la experiencia de observar las obras alojadas en VIP Art Fair es similar a la de hojear un catálogo, pero bien es cierto que la mayoría de aficionados al arte, profesionales y coleccionistas han descubierto una parte considerable del arte que conocen únicamente a través de reproducciones en libros, revistas o catálogos.

 

Comprar (arte) online

En un momento en que la compra de todo tipo de productos a través de Internet es una realidad cotidiana, no debería sorprendernos la posibilidad de comprar obras de arte en una feria online. De hecho, como señala Michael Plummer, asesor de inversiones en Artvest Partners, en uno de los vídeos publicados por la feria, la digitalización de los soportes en los que las galerías presentan las obras a sus clientes es uno hecho cada vez más común:

“Estamos llegando a un punto de inflexión en la relación entre la tecnología y el mundo del arte, en cómo una afecta a la otra. Se ha producido una evolución lenta […] Hasta hace 10 años el mundo existía en un terreno de diapositivas de 8×10 pulgadas, ahora esas diapositivas han desaparecido, se envían JPEGs a los clientes [...] Las casas de subastas procuran hacer cada vez menos catálogos impresos, y hacen todo lo que pueden en formato digital. El iPad apareció hace dos años y ya este año en Art Basel Miami prácticamente todos los vendedores de las grandes galerías disponían de un iPad para mostrar a los clientes todo lo que tienen en el almacén. Es una herramienta de venta increíble para el mundo del arte.”

Comprar una obra que nos muestra en la pantalla en un iPad un asistente de galería en un stand de una feria en Miami, Nueva York, Londres o Basilea posiblemente no sea muy diferente de comprar esa misma obra a través de un sitio web.  Por supuesto, habrán factores decisivos tales como el conocimiento previo de la obra del artista y la habilidad del galerista o su asistente para convencer al comprador, además de toda una serie de condiciones que se dan en el contexto de una feria (oportunidad, relaciones sociales, invitaciones a cenas y fiestas…) y no se producen ante la pantalla del ordenador de casa, por más que podamos chatear con el galerista (si nuestras franjas horarias coinciden). Por ello resulta obvio que en esta feria las galerías pueden encontrar una oportunidad de venta que no sustituye a las ferias tradicionales, sino que se dirige a aquel público que, por una razón u otra, no asiste a la feria física pero puede acceder a la feria en la Red.

Actualmente, la proliferación de ferias de arte en distintas ciudades del mundo constituye un intento constante de hallar ese nicho de coleccionistas sin explotar, a expensas de grandes inversiones de dinero y tiempo, con la consecuente saturación del mercado que plantea a los aficionados la duda acerca de cuál es la feria de arte que no pueden perderse. En ocasiones, una feria alternativa o emergente puede reunir obras mucho más interesantes que para ciertos coleccionistas suponen una atractiva inversión: apostar por un artista emergente que en unos años llegará al estrellato del mundo del arte resulta a la vez prestigioso para el coleccionista y económicamente muy provechoso. Por ello, las ferias de arte procuran reunir en sus recintos tanto a grandes galerías con obras de artistas prestigiosos como a galerías emergentes y propuestas más arriesgadas (unas y otras convenientemente separadas en secciones). VIP Art Fair reproduce este modelo, pero le añade además la comodidad de ser accesible desde casi cualquier ciudad del mundo, evitando así transportes, montajes y toda una serie de gastos que deben pagar las galerías y los visitantes (a la vez que no se crean puestos de trabajo y beneficios económicos para la ciudad que acoge una feria tradicional).

De esta manera, VIP introduce un modelo mucho más flexible, que se adapta a los tiempos de crisis y se proyecta hacia un público que posiblemente no suela asistir a las ferias de arte tradicionales o bien no tenga tiempo para hacerlo. En este sentido, cabe recordar que existan ya muchas otras iniciativas de venta de arte en la Red, entre las que cabe destacar el portal Saatchi Online, recientemente reconvertido en tienda virtual, y la plataforma [s]edition (que analizo en un post anterior), dedicada a vender versiones digitales de obras de artistas famosos. También se abren nuevas posibilidades para un tipo de coleccionista que se interesa por el arte contemporáneo como inversión: como señala Michael Plummer, en el futuro este tipo de coleccionistas podrán seguir diariamente la evolución del valor de las obras que han adquirido, de la misma manera en que consultan el valor de sus acciones en Bolsa.

Hacia la feria 2.0

Este último aspecto es el que hace de VIP Art Fair un posible modelo para una nueva forma de concebir la feria de arte. El estar alojada en un servidor web en vez de en los almacenes de un puerto o un recinto ferial y mostrar las obras en galerías planas no es lo más relevante de esta feria, ni siquiera que, pese a ser una feria de arte en la Red, tan sólo uno de los 2.000 artistas participantes presente obras de net art, en el stand del portal Rhizome y bajo la categoría de “ediciones y múltiples”. El factor más importante de una feria alojada en un ordenador es que todo lo que se presenta en esta feria, y todas las interacciones que en ella se producen, son datos. El visitante puede acceder rápidamente a una galería que conoce, consultar las obras de un artista concreto o buscar obras en un formato determinado por medio de una búsqueda en la base de datos y conservar un índice de sus obras favoritas en su perfil de usuario. El galerista puede cambiar fácilmente la exposición y aportar información acerca de las piezas sin necesidad de cartelas, listas de precios o asistentes. Pero sobre todo, es la propia galería la que obtiene una valiosa información en las interacciones de los visitantes con las obras: de la misma manera en que redes sociales como Facebook poseen una gran cantidad de información estadística acerca de los hábitos de sus usuarios, VIP Art Fair cuenta ahora con los datos de todos sus visitantes, no sólo en grandes cifras como en las ferias tradicionales, sino con una completa ficha que incluye datos de contacto, intereses, profesión, y por supuesto la lista completa de las obras favoritas de cada visitante, las galerías que ha visitado, las obras que ha examinado en detalle, los días y horas en que ha accedido a la feria y la duración de la visita, así como las ventas que se han producido y las interacciones entre visitantes y galeristas.

Saber emplear estos datos es lo que puede hacer de VIP Art Fair una alternativa que compita o complemente de forma efectiva a las ferias de arte tradicional, además de las ventajas que supone a nivel económico y logístico. La feria como base de datos puede ser una auténtica feria 2.0 y posiblemente también el principio de una transformación en las estructuras del mercado del arte. Como señalaba Richard Buckminster Fuller en su cita más conocida:

“No se cambian las cosas luchando con la realidad existente.
Para cambiar algo, hay que construir un modelo nuevo que haga que el modelo existente sea obsoleto.”

 

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