Books, Writing

01/11/2013

Sachiko Kodama: Sculpting Impermanence

 

In this text written for the Art Futura Art and Digital Culture Festival I explore the work of Japanese artist Sachiko Kodama.

 

En este texto escrito para el catálogo del festival de arte y cultura digital Art Futura exploro la obra de la artista japonesa Sachiko Kodama.

 

Sachiko Kodama: esculpir la impermanencia

Pau Waelder

En el interior de un recipiente en forma de píldora, formado por una parte inferior dorada y una campana de cristal, se alza una pieza metálica de forma cónica, rodeada por un espeso líquido negro. La pieza, cubierta por una pátina dorada, presenta una hendidura que la recorre en espiral desde la base hasta la afilada punta. El líquido negro empieza a palpitar, se hincha alrededor del cono metálico como si fuese a formar una gran burbuja y de repente, trepa por la hendidura formando hileras de púas negras que giran rápidamente alrededor de la estructura, hasta cubrirla totalmente. Una misteriosa forma, similar a la de un erizo, vibra ahora más lentamente y se mantiene con la incierta consistencia de una gelatina hasta que, de repente, empieza a desmoronarse. Las púas se convierten nuevamente en un líquido que resbala por las paredes de la torre puntiaguda y forma nuevamente una balsa densa y quieta.

Morpho Tower (2011) es una de las obras más recientes de Sachiko Kodama (Japón, 1970), una artista que desde hace más de una década explora la creación de formas escultóricas mutables y reactivas por medio del uso de ferrofluidos. Licenciada en Física por la Universidad de Hokkaido y Doctora en Arte por la Universidad de Tsukuba, Kodama inicia en 2000 un proyecto artístico interactivo titulado Protrude, Flow [1], que se basa en las propiedades del ferrofluido. Este líquido está compuesto por nanopartículas ferromagnéticas suspendidas en un fluido (habitualmente aceite o agua) que puede ser manipulado mediante un campo magnético. Cada nanopartícula ha sido tratada con un agente dispersante, lo que impide que se aglomeren, de manera que el líquido mantiene su fluidez en todo momento pero puede adoptar diferentes formas o desplazarse de manera controlada. El ferrofluido fue descubierto en los años 60 en el centro de investigación de NASA y se emplea actualmente tanto en la investigación aeroespacial como en diversas aplicaciones industriales. Kodama empezó a emplear esta sustancia en su búsqueda de un material que pudiese ser modificado de forma flexible, a fin de crear obras de arte que superen las limitaciones de la escultura tradicional. Según indica la artista:

“El objetivo de mi proyecto es crear formas artísticas y figuras orgánicas mutables, cuya forma tridimensional, estructura superficial y color cambian de manera viva y dinámica como si reflejasen ecos de la música, luz y comunicación humana en el entorno.” [2]

Protrude, Flow es la primera respuesta a las intenciones de Kodama. La instalación interactiva, desarrollada junto a Minako Takeno, se compone de diversos electroimanes situados por encima y debajo de un panel en el que se aloja el ferrofluido. Al estar ajustado el voltaje de los electroimanes por medio de un ordenador que procesa el sonido ambiente, es posible interactuar con el líquido generando ruidos en la sala. Dada la escasa visibilidad del ferrofluido, que debe estar a poca distancia de los imanes, la pieza se completa con una proyección de vídeo que muestra en tiempo real las evoluciones del líquido. La obra genera un gran interés, pero plantea una dificultad técnica que lleva a la artista a desarrollar una configuración diferente: emplea un único electroimán, con una carcasa metálica esculpida, entorno a la cual se coloca el ferrofluido [3]. Las formas que genera el ferrofluido se controlan ajustando la potencia del electroimán, que de esta manera no se interpone entre el líquido y el espectador y adquiere una clara dimensión escultórica. Al no emplear motores, la pieza no genera ningún ruido, sino que responde a sus propios ciclos o a estímulos externos de una manera que recuerda a la de un ser vivo.

Sachiko Kodama afirma que son precisamente la naturaleza y los seres vivos los que inspiran su obra. La simetría de las plantas, los movimientos de los animales y el ritmo de la respiración de los seres vivos son referencias clave en la concepción de sus esculturas cambiantes [4]. El comportamiento de la materia que anima por medio de un campo magnético sin duda puede relacionarse con el de algún tipo de criatura, a la vez que recuerda a las estructuras abstractas que se pueden generar por ordenador gracias al uso de cálculos matemáticos. En este sentido, las piezas de Kodama se mueven en un terreno ambiguo entre lo natural y lo artificial. Para comprender su trabajo es preciso, por tanto, tener en cuenta el proceso que lo genera y sus vinculaciones con la cultura tecno-científica, pero también las raíces culturales de la propia artista, en el contexto del arte japonés. Las obras de Sachiko Kodama reflejan una serie de conceptos propios de la cultura japonesa, tales como el valor de la observación de la naturaleza, la apreciación del carácter efímero y mutable de la materia, o la pulcritud y precisión en la ejecución de las piezas. En primer lugar, el aspecto “vivo” de las piezas puede relacionarse con el animismo propio de la cultura japonesa, siendo estas esculturas en cierta forma una materialización de la convicción que cualquier materia puede contener un espíritu. También la estructura cerrada y contenida en que se presentan las piezas (necesaria por cuestiones técnicas) es comparada por la artista con los hakoniwa, diminutos jardines y paisajes en cajas, usados en juegos y también en una forma de terapia. Estos jardines constituyen una representación reducida de la naturaleza, en un entorno controlado que permite su observación calmada, sin miedo a correr riesgo alguno. De forma similar, obras como Morpho Towers/Two Standing Spirals (Black Box) crean un ámbito controlado para un proceso siempre cambiante y misterioso, que invita de la misma manera a una contemplación meditativa. En Breathing Chaos (2004), la artista identifica sus obras con una expresión de las fuerzas de la naturaleza, en particular el aspecto caótico e impredecible de los fenómenos naturales tales como tifones, terremotos y erupciones volcánicas que, según señala Machiko Kusahara, forman parte de la cultura japonesa [5].

Otro aspecto esencial en la comprensión del trabajo de la artista, también subrayado por Kusahara, es el hecho que en Japón tradicionalmente no se establecen distinciones entre las bellas artes y las artes aplicadas, siendo el concepto occidental de “arte” una importación tardía. En Japón, “una distinción entre arte, entretenimiento y productos comerciales no existía”, indica Kusahara, “simplemente no se establecían esas categorías” [6]. La obra de Kodama responde a este criterio en cuanto sus piezas son elegantes y precisos dispositivos. Morpho Tower, la escultura individual que se aloja en un contenedor en forma de pastilla o urna, se presenta en varias versiones: dorada, plateada, azul con franjas verdes, o rosa con topos blancos. Esta variedad de modelos puede hacer pensar en un objeto meramente decorativo o en una cierta frivolidad, pero obedece a un principio fuertemente establecido entre los artistas japoneses, que es el de la fusión entre la obra de arte y el objeto de diseño. Un ejemplo de ello puede encontrarse en el trabajo de artistas como Takashi Murakami o Maywa Denki, quienes transgreden conscientemente los límites entre obra de arte y producto de consumo masivo. En Kodama esta relación es mucho más sutil, pero no deja de estar presente en la atención a la realización de las piezas, que conecta a su vez con la importancia que se otorga a las herramientas en la cultura japonesa, siendo el proceso y la manera de su uso, como afirma Machiko Kusahara, tan importantes como el resultado en sí [7].

En este sentido, el trabajo de Kodama se ha vinculado al de un grupo de artistas que se identifican con el término “Device Art” (arte de dispositivos), que Hiroo Iwata define en base a tres características principales:

“1. El Dispositivo es, en sí mismo, el contenido. El mecanismo representa el tema de la obra. Contenido y herramienta no pueden ya separarse.
2. Las obras son, a menudo, lúdicas y pueden comercializarse como dispositivos o gadgets para ser empleados en la vida cotidiana.
3. El diseño refinado y los aspectos lúdicos se remontan a la tradicional apreciación por las herramientas y los materiales en Japón. La cultura japonesa tradicional, como puede verse en la ceremonia del té o la composición de flores, emplea dispositivos sofisticados. Esos dispositivos son las raíces del arte de dispositivos.” [8]

Estas características se reflejan en la obra de la artista, quien otorga un especial protagonismo a los elementos que forman sus obras y los presenta en una interfaz de gran sencillez, dejando la espectacularidad al propio proceso. Pese a que su trabajo se conoce principalmente en relación a las esculturas, su investigación no se limita a estas piezas sino que se extiende al diseño de diferentes dispositivos interactivos, entre los cuales el proyecto Bouncing Star Smart Ball Project, que lleva desarrollando con su equipo desde 2007. También el uso del ferrofluido en aplicaciones para la vida cotidiana es un sueño largamente deseado:

“Es posible imaginar que tenemos una tercera piel en la superficie de nuestro cuerpo y en herramientas, muebles, casas u otros productos, una piel que recibe información del entorno y sus habitantes, y que responde transformándose según una función requerida. Si esto se hace realidad, los ordenadores que imitan formas naturales podrían ofrecer una experiencia al usuario mucho más calmada, relajada y confortable.” [9]

Sachiko Kodama concibe así su investigación con el ferrofluido como una forma de esculpir lo impermanente, de hacer fluir la materia, no sólo en el ámbito limitado del mundo del arte, sino en nuestro propio entorno cotidiano.

——————-
Notas:
[1] Sachiko Kodama, Morpho Tower. <http://sachikokodama.com/en/work/>
[2] Sachiko Kodama, “Dynamic Ferrofluid Sculpture: Organic Shape-Changing Art Forms”. Communications of the ACM. Junio 2008/Vol. 51, No. 6, 80.
[3] Sachiko Kodama, “Dynamic Ferrofluid Sculpture…”, 80.
[4] Sachiko Kodama, “Dynamic Ferrofluid Sculpture…”, 81.
[5] Machiko Kusahara, “Device Art: A New Approach in Understanding Japanese Contemporary Media Art”, en: Grau, Oliver (ed.) Media Art Histories. Cambridge-Londres: The MIT Press, 2007, 297.
[6] Machiko Kusahara, “Device Art…”, 279.
[7] Machiko Kusahara, “Device Art…”, 286.
[8] Hiroo Iwata, “What is Device Art?”, en: Human Nature. Ars Electronica 2009. Ostfeld: Hatje Cantz, 2009, 178.
[4] Sachiko Kodama, “Dynamic Ferrofluid Sculpture…”, 81.

 

En aquest text escrit per al catàleg del festival d’art i cultura digital Art Futura exploro l’obra de l’artista japonesa Sachiko Kodama.

 

Sachiko Kodama: esculpir la impermanencia

Pau Waelder

En el interior de un recipiente en forma de píldora, formado por una parte inferior dorada y una campana de cristal, se alza una pieza metálica de forma cónica, rodeada por un espeso líquido negro. La pieza, cubierta por una pátina dorada, presenta una hendidura que la recorre en espiral desde la base hasta la afilada punta. El líquido negro empieza a palpitar, se hincha alrededor del cono metálico como si fuese a formar una gran burbuja y de repente, trepa por la hendidura formando hileras de púas negras que giran rápidamente alrededor de la estructura, hasta cubrirla totalmente. Una misteriosa forma, similar a la de un erizo, vibra ahora más lentamente y se mantiene con la incierta consistencia de una gelatina hasta que, de repente, empieza a desmoronarse. Las púas se convierten nuevamente en un líquido que resbala por las paredes de la torre puntiaguda y forma nuevamente una balsa densa y quieta.

Morpho Tower (2011) es una de las obras más recientes de Sachiko Kodama (Japón, 1970), una artista que desde hace más de una década explora la creación de formas escultóricas mutables y reactivas por medio del uso de ferrofluidos. Licenciada en Física por la Universidad de Hokkaido y Doctora en Arte por la Universidad de Tsukuba, Kodama inicia en 2000 un proyecto artístico interactivo titulado Protrude, Flow [1], que se basa en las propiedades del ferrofluido. Este líquido está compuesto por nanopartículas ferromagnéticas suspendidas en un fluido (habitualmente aceite o agua) que puede ser manipulado mediante un campo magnético. Cada nanopartícula ha sido tratada con un agente dispersante, lo que impide que se aglomeren, de manera que el líquido mantiene su fluidez en todo momento pero puede adoptar diferentes formas o desplazarse de manera controlada. El ferrofluido fue descubierto en los años 60 en el centro de investigación de NASA y se emplea actualmente tanto en la investigación aeroespacial como en diversas aplicaciones industriales. Kodama empezó a emplear esta sustancia en su búsqueda de un material que pudiese ser modificado de forma flexible, a fin de crear obras de arte que superen las limitaciones de la escultura tradicional. Según indica la artista:

“El objetivo de mi proyecto es crear formas artísticas y figuras orgánicas mutables, cuya forma tridimensional, estructura superficial y color cambian de manera viva y dinámica como si reflejasen ecos de la música, luz y comunicación humana en el entorno.” [2]

Protrude, Flow es la primera respuesta a las intenciones de Kodama. La instalación interactiva, desarrollada junto a Minako Takeno, se compone de diversos electroimanes situados por encima y debajo de un panel en el que se aloja el ferrofluido. Al estar ajustado el voltaje de los electroimanes por medio de un ordenador que procesa el sonido ambiente, es posible interactuar con el líquido generando ruidos en la sala. Dada la escasa visibilidad del ferrofluido, que debe estar a poca distancia de los imanes, la pieza se completa con una proyección de vídeo que muestra en tiempo real las evoluciones del líquido. La obra genera un gran interés, pero plantea una dificultad técnica que lleva a la artista a desarrollar una configuración diferente: emplea un único electroimán, con una carcasa metálica esculpida, entorno a la cual se coloca el ferrofluido [3]. Las formas que genera el ferrofluido se controlan ajustando la potencia del electroimán, que de esta manera no se interpone entre el líquido y el espectador y adquiere una clara dimensión escultórica. Al no emplear motores, la pieza no genera ningún ruido, sino que responde a sus propios ciclos o a estímulos externos de una manera que recuerda a la de un ser vivo.

Sachiko Kodama afirma que son precisamente la naturaleza y los seres vivos los que inspiran su obra. La simetría de las plantas, los movimientos de los animales y el ritmo de la respiración de los seres vivos son referencias clave en la concepción de sus esculturas cambiantes [4]. El comportamiento de la materia que anima por medio de un campo magnético sin duda puede relacionarse con el de algún tipo de criatura, a la vez que recuerda a las estructuras abstractas que se pueden generar por ordenador gracias al uso de cálculos matemáticos. En este sentido, las piezas de Kodama se mueven en un terreno ambiguo entre lo natural y lo artificial. Para comprender su trabajo es preciso, por tanto, tener en cuenta el proceso que lo genera y sus vinculaciones con la cultura tecno-científica, pero también las raíces culturales de la propia artista, en el contexto del arte japonés. Las obras de Sachiko Kodama reflejan una serie de conceptos propios de la cultura japonesa, tales como el valor de la observación de la naturaleza, la apreciación del carácter efímero y mutable de la materia, o la pulcritud y precisión en la ejecución de las piezas. En primer lugar, el aspecto “vivo” de las piezas puede relacionarse con el animismo propio de la cultura japonesa, siendo estas esculturas en cierta forma una materialización de la convicción que cualquier materia puede contener un espíritu. También la estructura cerrada y contenida en que se presentan las piezas (necesaria por cuestiones técnicas) es comparada por la artista con los hakoniwa, diminutos jardines y paisajes en cajas, usados en juegos y también en una forma de terapia. Estos jardines constituyen una representación reducida de la naturaleza, en un entorno controlado que permite su observación calmada, sin miedo a correr riesgo alguno. De forma similar, obras como Morpho Towers/Two Standing Spirals (Black Box) crean un ámbito controlado para un proceso siempre cambiante y misterioso, que invita de la misma manera a una contemplación meditativa. En Breathing Chaos (2004), la artista identifica sus obras con una expresión de las fuerzas de la naturaleza, en particular el aspecto caótico e impredecible de los fenómenos naturales tales como tifones, terremotos y erupciones volcánicas que, según señala Machiko Kusahara, forman parte de la cultura japonesa [5].

Otro aspecto esencial en la comprensión del trabajo de la artista, también subrayado por Kusahara, es el hecho que en Japón tradicionalmente no se establecen distinciones entre las bellas artes y las artes aplicadas, siendo el concepto occidental de “arte” una importación tardía. En Japón, “una distinción entre arte, entretenimiento y productos comerciales no existía”, indica Kusahara, “simplemente no se establecían esas categorías” [6]. La obra de Kodama responde a este criterio en cuanto sus piezas son elegantes y precisos dispositivos. Morpho Tower, la escultura individual que se aloja en un contenedor en forma de pastilla o urna, se presenta en varias versiones: dorada, plateada, azul con franjas verdes, o rosa con topos blancos. Esta variedad de modelos puede hacer pensar en un objeto meramente decorativo o en una cierta frivolidad, pero obedece a un principio fuertemente establecido entre los artistas japoneses, que es el de la fusión entre la obra de arte y el objeto de diseño. Un ejemplo de ello puede encontrarse en el trabajo de artistas como Takashi Murakami o Maywa Denki, quienes transgreden conscientemente los límites entre obra de arte y producto de consumo masivo. En Kodama esta relación es mucho más sutil, pero no deja de estar presente en la atención a la realización de las piezas, que conecta a su vez con la importancia que se otorga a las herramientas en la cultura japonesa, siendo el proceso y la manera de su uso, como afirma Machiko Kusahara, tan importantes como el resultado en sí [7].

En este sentido, el trabajo de Kodama se ha vinculado al de un grupo de artistas que se identifican con el término “Device Art” (arte de dispositivos), que Hiroo Iwata define en base a tres características principales:

“1. El Dispositivo es, en sí mismo, el contenido. El mecanismo representa el tema de la obra. Contenido y herramienta no pueden ya separarse.
2. Las obras son, a menudo, lúdicas y pueden comercializarse como dispositivos o gadgets para ser empleados en la vida cotidiana.
3. El diseño refinado y los aspectos lúdicos se remontan a la tradicional apreciación por las herramientas y los materiales en Japón. La cultura japonesa tradicional, como puede verse en la ceremonia del té o la composición de flores, emplea dispositivos sofisticados. Esos dispositivos son las raíces del arte de dispositivos.” [8]

Estas características se reflejan en la obra de la artista, quien otorga un especial protagonismo a los elementos que forman sus obras y los presenta en una interfaz de gran sencillez, dejando la espectacularidad al propio proceso. Pese a que su trabajo se conoce principalmente en relación a las esculturas, su investigación no se limita a estas piezas sino que se extiende al diseño de diferentes dispositivos interactivos, entre los cuales el proyecto Bouncing Star Smart Ball Project, que lleva desarrollando con su equipo desde 2007. También el uso del ferrofluido en aplicaciones para la vida cotidiana es un sueño largamente deseado:

“Es posible imaginar que tenemos una tercera piel en la superficie de nuestro cuerpo y en herramientas, muebles, casas u otros productos, una piel que recibe información del entorno y sus habitantes, y que responde transformándose según una función requerida. Si esto se hace realidad, los ordenadores que imitan formas naturales podrían ofrecer una experiencia al usuario mucho más calmada, relajada y confortable.” [9]

Sachiko Kodama concibe así su investigación con el ferrofluido como una forma de esculpir lo impermanente, de hacer fluir la materia, no sólo en el ámbito limitado del mundo del arte, sino en nuestro propio entorno cotidiano.

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Notas:
[1] Sachiko Kodama, Morpho Tower. <http://sachikokodama.com/en/work/>
[2] Sachiko Kodama, “Dynamic Ferrofluid Sculpture: Organic Shape-Changing Art Forms”. Communications of the ACM. Junio 2008/Vol. 51, No. 6, 80.
[3] Sachiko Kodama, “Dynamic Ferrofluid Sculpture…”, 80.
[4] Sachiko Kodama, “Dynamic Ferrofluid Sculpture…”, 81.
[5] Machiko Kusahara, “Device Art: A New Approach in Understanding Japanese Contemporary Media Art”, en: Grau, Oliver (ed.) Media Art Histories. Cambridge-Londres: The MIT Press, 2007, 297.
[6] Machiko Kusahara, “Device Art…”, 279.
[7] Machiko Kusahara, “Device Art…”, 286.
[8] Hiroo Iwata, “What is Device Art?”, en: Human Nature. Ars Electronica 2009. Ostfeld: Hatje Cantz, 2009, 178.
[4] Sachiko Kodama, “Dynamic Ferrofluid Sculpture…”, 81.