La tercera llei de Clarke

 

[Post publicat en castellà al blog Arte. Cultura e Innovación de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial i la Universitat Oberta de Catalunya]

 

Durante el festival Art Futura 2011, el atrio de AlhóndigaBilbao ha recibido a los visitantes con una instalación interactiva que les convertía en participantes involuntarios mientras les hipnotizaba con la imagen de una enorme estructura mécanica y virtual que les observaba desde la pantalla que domina la entrada del innovador centro cultural bilbaíno. Se trata de Ehime Daruma (2011), un pieza del artista Patxi Araujo (Pamplona, 1967) realizada en colaboración con Jaime de los Ríos. La obra aprovecha las excelentes condiciones del espacio de Alhóndiga (que cuenta con un amplio atrio muy transitado y una gigantesca pantalla orientada hacia el visitante) para integrar en el edificio una instalación que propone una interacción lúdica con el espectador, sin mediaciones ni reglas, en la que éste se convierte en protagonista de una pieza que le observa al mismo tiempo que es observada.

En la pantalla, una gran estructura circular sustenta un punto central que se mueve ágilmente como si buscara al visitante, recordando en sus transformaciones la imagen del sol que habitualmente ocupa esta superficie y sugiriendo también el comportamiento de un gran ojo que se posa nervioso sobre las personas que entran en su ángulo de visión. La relación entre espectador y obra se produce de una manera natural, como por arte de magia, y de hecho esta percepción fantasiosa de lo desconocido es uno de los aspectos que explora Araujo en su trabajo. Con motivo de una exposición en la Ciudadela de Pamplona en 2008, el artista titulaba su proyecto La 3ª ley de Clarke, en referencia a la conocida frase del escritor y científico Arthur C. Clarke, según la cual “toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.”

Ehime Daruma, ArtFutura 2011 de patxi araujo en Vimeo.

La propuesta de Araujo plantea una interesante relación entre lo que se suele percibir como la fría exactitud de la tecnología y la fantasiosa candidez de la magia, algo de lo que ya trataba la excelente exposición Et Voilà! Magia y tecnología dentro del Festival Sónar de Música Avanzada y Arte Multimedia de Barcelona, en 2007. Como afirma Patxi Araujo, “la 3ª ley de Clarke coloca en paridad discursiva la realidad y la fición, la prosa y la poseía, la magia y la tecnología.” Siguiendo esta idea, su trabajo en instalaciones interactivas se desarrolla en un delicado equilibrio entre la estética digital y unos contenidos que se nutren de referencias literarias y poéticas. Julio Cortázar, Italo Calvino y Jorge Luis Borges, entre otros, alimentan los sueños de unas máquinas que responden a la posición y los gestos del espectador  y le ofrecen un entorno inmersivo. La realidad se cuestiona y se reconfigura en tiempo real en la serie de piezas que dedica al Horno de la Ciudadela de Pamplona. Aquí el visitante se convierte, como en Ehime Daruma, en el centro de un sistema que gira a su alrededor (aprovechando la estructura circular del recinto) y le ofrece una realidad concéntrica y egocéntrica. “Como en un buen relato de ciencia-ficción, se podría afromar que estamos rodeados de realidad”, indica Araujo, y ciertamente en sus instalaciones basadas en un sistema compuesto por una cámara y diversos proyectores que permiten al ordenador detectar la presencia del espectador y producir una respuesta audiovisual inmediata, el visitante se halla rodeado por la realidad que le propone el artista.

Alice’s Tears: Chair Procession from patxi araujo on Vimeo.

Así, la tercera ley de Clarke se hace efectiva en la instalación No hay lugar (2009), presentada en el Centro Huarte de Arte Contemporáneo dentro del proyecto de Araujo titulado Las lágrimas de Alicia. En esta pieza el espectador se ve rodeado por un flujo de sillas que responden a su posición y sus gestos iluminándose, rotando y desplazándose en un espacio etéreo. Sin ocultar su naturaleza como meros objetos virtuales, las sillas cobran vida al ser activadas por la presencia humana, y en esta interacción se produce lo que, aunque sepamos que se genera por medio de procesos tecnológicos, no podemos sino percibir como magia.

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